Tuesday, December 16, 2008

SACIANDO NUESTRA SED DE DIOS

John Piper ha escrito un libro que se ha convertido ya, en mi opinión, en un clásico (Desiring God) y ha puesto sobre la mesa un importantísimo elemento que se encontraba ausente en la doctrina Reformada, posiblemente desde los tiempos de Jonathan Edwards quien fue usado por Dios para traer lo que se ha conocido como “The Great Awakening” (El gran despertar). Ese gran despertar fue un verdadero avivamiento de Dios en donde los pecadores se convertían únicamente por medio de la predicación de la Palabra de Dios. (Nota: Digo “únicamente” para resaltar el hecho de que hoy se hace hincapié en la necesidad de otros “medios” para lograr la conversión de los pecadores).

En su memorable sermón “Pecadores en manos de un Dios airado”, se dice que las personas que escuchaban a Edwards gemían de dolor y llorando por sus pecados, se aferraban a las columnas o a cualquier cosa que tuvieran cerca, creyendo que de un momento a otro iban a caer en el infierno. Esto es VERDADERO AVIVAMIENTO y fue enviado por Dios en un tiempo de vaciedad y formalismo religioso.

Ese gran despertar trajo como resultado verdaderas conversiones en masa de pecadores totalmente indiferentes a las cosas de Dios. Pero también produjo una pasión por conocer y practicar la sana doctrina. Tanto fue así, que la iglesia donde Edwards predicaba lo despidió cuando él comenzó a predicar en contra de permitir la participación de la Cena del Señor a las personas no regeneradas. A pesar de que Edwards no era Bautista comenzó a poner en práctica uno de los principios bautistas: Solo los verdaderos creyentes que se encuentran en plena comunión con la iglesia local pueden participar de la Cena del Señor. Esto le costó finalmente su salida de la iglesia que pastoreaba.

Pero Dios tenía sus planes. Y fue en ese lapso de tiempo que él estaba sin ninguna iglesia que pastorear que Dios le permitió escribir algunas de las obras más importantes que jamás se hayan escrito por ningún teólogo estadounidense. Edwards poseía una mente prodigiosa. Pero lo más importante es que poseía un corazón que amaba a Dios y deseaba glorificarlo por encima de todas las cosas.

Ese elemento faltante en la doctrina Reformada fue lo que Edwards intentó recuperar: una búsqueda apasionada por Dios. Un deseo ardiente de que el Dios soberano revelado en las páginas de las Escrituras sea glorificado en cada aspecto de nuestra vida. Agradezco a Dios por haber usado los escritos de John Piper para mostrarme esta gran verdad: Que hemos sido creados y redimidos para glorificar a Dios, pero al mismo tiempo, disfrutar de El. De hecho, los eruditos que escribieron la Confesión de Fe de Westminster sabían ya esto y una de las preguntas que ellos abordaron es la siguiente: “¿Cuál es el fin principal del hombre?” Y la respuesta que ellos dan es la siguiente: “El fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de El por siempre”.

Tal respuesta no nos debería sorprender en lo absoluto, pues los Salmos se encuentran llenos de expresiones como esta. Pero nos sorprende por la razón que hemos venido escuchando un evangelio diferente. Hemos venido escuchando un evangelio centrado en el hombre. Un evangelio que ha dejado al Dios soberano a un lado y se ha enfocado en glorificar al pecador. Cuando escucho predicaciones en donde el énfasis se encuentra puesto en que Dios es impotente para obrar a menos que el pecador se lo permita, siento deseos de retirarme inmediatamente a un lugar solo y allí llorar “por los pecados de la hija de mi pueblo”. Eso es algo vergonzoso e indignante. Dios dice que El no comparte su gloria con nadie, pero hoy día escuchamos predicaciones en donde parece como si el pecador debe llevarse parte del mérito y parte de la gloria por su salvación.

John Piper ha venido a recordarnos en este importante libro quien es Dios (El es soberano) y quienes somos nosotros (criaturas totalmente dependientes de El) que nunca obtendremos la verdadera felicidad y el verdadero gozo hasta que no le conozcamos verdaderamente y aprendamos a deleitarnos en El. Dios es el ser más feliz de todo el universo y nosotros podremos ser felices solo en la medida que aprendamos a tener nuestro contentamiento solo en El. Piper escribe en la página 25:

“Pero el fundamento de la felicidad de Dios es la soberanía de Dios: “Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho”. Si Dios no fuese soberano, si el mundo que él creó estuviera fuera de control, frustrando sus designios una y otra vez, Dios no sería feliz. Así como nuestro gozo se basa en la promesa de que Dios es lo suficientemente poderoso y sabio para hacer que todas las cosas obren para nuestro bien, también el gozo de Dios se basa en ese control soberano mismo: hace que todas las cosas obren para su gloria”. (John Piper, “Sed de Dios” Publicaciones Andamio, p. 25, 1986).

Si no has leído este libro todavía, te animo a que lo adquieras y lo leas. Se encuentra saturado no solo de la sana doctrina, sino también de pasión por el Dios que nos creó y nos redimió.

Daviel D’Paz

2 comments:

Will Kinney said...

Gracias hermano. Hay mucho aquí con el cual estoy de acuerdo.

Aceptos en el Amado,

Will Kinney

"No es éste tizón arrebatado del incendio? - Zacarías 3:2

http://www.geocities.com/brandplucked/

davieldpaz said...

Hermano Will: Bendiciones.

Gracias por su comentario. Ojala pudiera compartir con nosotros sobre como cambiaria el estado espiritual de las iglesias de hoy si existiera un regreso a la doctrina Reformada tal como Jonathan Edwards lo veia y lo proclamaba.


En Cristo