Wednesday, October 28, 2009

Examinando el escrito de John MacArthur (Continuación…)



Continuando con el análisis del escrito de John MacArthur en este segundo articulo, me propongo examinar algunos argumentos más que no aborde en mi previo escrito. Creo que es muy imprescindible establecer el contexto sin ambigüedades, de lo contrario el texto no será suficientemente claro. Y creo que esa es una de las terribles deficiencias del Dispensacionalismo cuando intentan explicar este discurso de Jesucristo. Si vamos a interpretar correctamente el texto debemos tomar en cuenta su contexto y enfrentarnos con la realidad de lo que este nos dice, aún cuando su contenido contradiga nuestras tan acariciadas presuposiciones escatológicas.

Al examinar una y otra vez el escrito de MacArthur, puedo notar algo muy interesante que me gustaría abordar de una manera más detallada:

“Pero nótese también que las únicas afirmaciones explícitas de Cristo acerca de la destrucción del templo son las que se encuentran registradas en el v.2, en tanto que Jesús y los discípulos se estaban alejando del templo (v.1). En el mismo discurso de los Olivos no hace ninguna clara referencia a los eventos del año 70. Su respuesta entera es una respuesta extendida a la pregunta más importante respecto a las señales de su venida y del fin del siglo” (énfasis agregado).

En este argumento de MacArthur puedo ver una terrible deficiencia Interpretativa, no solo debido a que no toma en cuenta el contexto del capítulo anterior, sino que tampoco toma en cuenta el contexto inmediato de la situación que dio lugar a la pregunta de los discípulos. MacArthur afirma que el único versículo en donde se encuentran las “afirmaciones explícitas” sobre la destrucción del templo, es en el versículo 2 cuando Jesús se iba alejando del templo. También menciona que en el discurso del monte de los olivos “no hace ninguna clara referencia a los eventos del año 70”.

Pero es mi intención demostrar de manera precisa a través de este y futuros escritos (al menos eso espero), que efectivamente Cristo contestó con grandes detalles a la pregunta de los discípulos sobre el tema de la destrucción del templo que él menciona en el versículo 2. Deseo demostrar también que el discurso del monte de los Olivos fue dado principalmente para responder a la pregunta de los discípulos sobre el tiempo exacto cuando tendría lugar dicha destrucción, que era lo que realmente inquietaba a los discípulos. Para entender este discurso y evitar todas las confusiones que han existido por muchos años, es necesario tener presente el estilo muy único de Mateo al presentar su relato sobre la destrucción del templo, que fue el resultado del cumplimiento literal e histórico de las palabras de Cristo sobre el juicio inmediato que vendría sobre el pueblo judío por haberle rechazado (ver Mateo 23:34-38).

Creo que la dificultad en la versión de Mateo radica en que él relaciona dicho juicio de los judíos con el juicio final sobre todas las naciones (tal vez porque Mateo pensaba que con la destrucción del templo al que veía como el centro de todo lo importante y significativo, también vendría el juicio final para todas las naciones).

Por esa razón, vemos que Mateo se enfoca en hablar sobre este tema en los versículos 36-51 y todo el capítulo 25 se refiere a este aspecto que es todavía futuro. Es por eso también que la versión de Mateo sobre la destrucción del templo ha creado demasiada polémica debido a que FUSIONA los DOS EVENTOS en un solo discurso, mientras que Lucas por ejemplo, se enfoca en UN SOLO EVENTO: la destrucción del templo y la caída de Jerusalén.

Existen muchos eruditos y teólogos contemporáneos quienes creen que Mateo 24:1-35 nos habla exclusivamente de la destrucción del templo y las señales que existirían justo antes de su destrucción por parte de los romanos. Si esto es así, entonces podemos llegar a la conclusión que Cristo sí contestó ampliamente la pregunta de los discípulos sobre la destrucción del templo. Para probar esto, estaré citando algunos de los más destacados comentaristas bíblicos de la actualidad cuyas obras han sido ampliamente aceptadas por la mayoría de los cristianos evangélicos.

En primer lugar, es necesario entender que la afirmación hecha por Cristo en el versículo 2 no salió de la nada, sino que tuvo un origen específico y bien definido. Lo que Cristo les dijo surgió debido a que ellos LE MOSTRARON los edificios del templo y esperaban oír también por parte de él palabras de asombro respecto al templo judío. Pero lejos de decirles palabras que enfatizaran la importancia del templo, Cristo les dijo algo QUE ELLOS NO SE ESPERABAN.

La importancia del Templo judío

Los discípulos no ignoraban la importancia que tenía el templo judío y de lo que éste representaba para toda la nación. De hecho, no solo los discípulos conocían la importancia que tenía, sino también los principales sacerdotes y los fariseos conocían lo que el templo significaba para toda la nación:

“Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación”. (Juan 11:47,48).

El templo no solo era parte de la IDENTIDAD de los judíos como nación, sino que también era el lugar sobre el cual giraba toda la vida religiosa de ellos. Y los discípulos como buenos judíos, también sabían de esto. De ahí se desprende el porqué le mostraron tales edificios y su impresionante estructura. Por esa razón no se puede DIVORCIAR lo que Cristo dijo en el versículo 2 de lo que dice en los versículos siguientes.

De hecho, cuando salieron del templo, los discípulos recordando lo que Cristo les había dicho a los líderes religiosos de que su “casa sería dejada desierta”, le mostraron los edificios del templo como para que Jesús aclarara lo que a ellos no les había quedado muy claro. Para su sorpresa, Cristo les dice claramente que de esos impresionantes edificios “no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada”. Ahora ya no tenían ninguna duda: Cristo estaba profetizando LA DESTRUCCION DEL TEMPLO.

Tal vez esta revelación debió haberlos impactado tanto, que quizás comenzaron a caminar sin siquiera cruzar palabras entre ellos, completamente hundidos en un mar de pensamientos y sentimientos encontrados. Fue hasta que llegaron al monte de los Olivos en donde los discípulos parecen haber logrado recuperarse del impacto emocional que les causó la revelación de Jesucristo. Y fue allí en donde formularon una pregunta que era de suma importancia para ellos:
“Dinos: ¿Cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida y del fin del siglo?” (v.3)

La inquietud de los discípulos giraba SOBRE EL MISMO TEMA, es decir, la destrucción del templo. Ellos deseaban saber CUANDO ocurriría tan grande desastre. Pero MacArthur en su explicación de Mateo 24, INTENTA DIVORCIAR lo que Cristo les dijo sobre el templo cuando ya salían de allí y lo que les dijo cuando llegaron al monte de los olivos. Pero el contexto nos muestra que EL TEMA ES EL MISMO. No hay cual ninguna razón para SEPARAR el versículo 2 de los versículos siguientes (Increíblemente, la mayoría de las Biblias en español también hacen esta separación por medio de insertar un encabezado justo después del versículo 2 que dice: “Señales antes del fin”. Cabe preguntar: ¿Se refieren al fin del templo judío?).

Es cierto que el Dispensacionalismo debido a su marco escatológico se ve en la forzosa necesidad de hacer una separación entre el versículo 3 y los versículos siguientes, pero tanto textualmente (realizando una sana exégesis, desde luego) como históricamente, NO EXISTE cual ninguna justificación para ello.

D. A. Carson en su excelente comentario exegético de Mateo, menciona lo débil de los argumentos presentados por aquellos que no aceptan que dicho discurso se refiera por su mayor parte a la destrucción del templo judío:

“Cierto número de eruditos han negado que alguna parte del discurso del Monte de los Olivos trate con la caída de Jerusalén: todo el discurso habla sobre la Parusía [e.d. la venida de Cristo]. Una forma u otra de esta teoría es sostenida por Lagrange, Schlatter, Schniewind y Zahn. Lagrange cree que la frase “abominación desoladora” se refiere a la ciudad de Jerusalén, pero no así la frase que habla sobre una “gran tribulación” (v.21). Casi todos los que sostienen este punto de vista se ven forzados a afirmar que el relato de Lucas 21:20-24 el cual es históricamente irrefutable, surge de otro discurso o ha sido concientemente modificado por Lucas. La última afirmación parece ser una desesperada conveniencia en apoyo de una débil teoría. Es muy difícil de imaginar que cualquier cristiano que leyera los evangelios sinópticos en cualquier periodo durante los primeros cien años de existencia de estos documentos, fallara en ver una clara referencia a la destrucción de Jerusalén. Metodológicamente este acercamiento pertenece a aquellos que abordan el discurso con otras predisposiciones –por ejemplo, a través de afirmar que el discurso representa un relato continuo de la historia cristiana”. (D. A. Carson, “Matthew: The Expositors Bible Commentary”, p.492, Zondervan 1984).

D. A. Carson da en el clavo cuando dice que “Es muy difícil de imaginar que cualquier cristiano que leyera los evangelios sinópticos en cualquier periodo durante los primeros cien años de existencia de estos documentos, fallara en ver una clara referencia a la destrucción de Jerusalén”. De hecho, existen evidencias históricas que muestran que muchos de los cristianos del primer siglo, relacionaban la destrucción de Jerusalén y de su templo con el juicio de los judíos profetizado por Jesucristo.

Craig S. Keener comenta lo siguiente sobre esto: “El capítulo 23 [de Mateo] dio inicio a las advertencias de Cristo sobre juicio de Dios en contra de ciertos elementos del establecimiento religioso. Este capítulo extiende ese juicio hasta el templo mismo. Después que el templo fue destruido en el año 70 d. C., muchos de los judíos vieron la mano de Dios en juicio en esa destrucción” (Craig S. Keener, “Matthew: The IVP New Testament Commentary Series”, p. 111, IVP 1979 énfasis agregado).

¿Para cual generación serían las señales?

En este otro comentario MacArthur intenta una vez más SEPARAR lo que Cristo dice en el versículo 2, de lo que dijo en los versículos siguientes:

“Después de todo, la destrucción del templo predicha en el v. 2 fue cumplida por el ejército romano en el año 70 d.C., pero las señales cósmicas que acompañan el regreso de Cristo descritas en los versículos 29-31 obviamente todavía pertenecen al futuro”.

MacArthur ve en estos versículos algunas “señales cósmicas” que de acuerdo a su interpretación NO TUVIERON SU CUMPLIMIENTO en el primer siglo. Pero tal parece que él pasa por alto el hecho que Jesucristo usa en estos versículos un lenguaje altamente simbólico que no debe ser tomado tal como muchos lo han hecho en el pasado y lo siguen haciendo en el presente.
Esas palabras deben ser interpretadas a la luz del significado que el Antiguo Testamento da a esta clase de lenguaje. Más adelante estaremos examinando en detalle lo que significan cada una de estas “señales cósmicas” tal como MacArthur las llama. Pero él parece también pasar por alto lo que Jesucristo dijo en el v. 34: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”. Si cada una de estas señales no se cumplieron en la generación a la cual él les dijo estas palabras, entonces no podemos escapar de las obvias consecuencias que esto trae consigo: Sin duda Cristo se equivocó. Pero sabemos que esto es imposible. Y si Cristo no se equivoco, entonces la única solucion posible a este dilema es que TODAS las señales que Cristo dio, se cumplieron al pie de la letra en la generación del primer siglo. Esta es en realidad la interpretacion que el texto DEMANDA.

El siguiente comentario de Craig S. Keener puede por lo pronto, aclararnos un poco el panorama:

“En cualquier caso, el punto de vista que afirma que todo el relato de Mateo 24 se enfoca exclusivamente en una futura tribulación (asumida a menudo de manera automática en algunos círculos, los cuales no toman en cuenta la historia de los años 66-70) no es sostenible. Mateo entiende que “todas estas cosas” (probablemente defiriéndose a la pregunta sobre la destrucción del templo en Mateo 24:2 y Mar.13:39) tendrán lugar en la misma generación (Mateo 24:34), lenguaje que a través de todas las enseñanzas de Jesús en Mateo, se refiere a la generación que vivía en ese tiempo (tal como en 12:39,45; 16:4; 23:36, compárese con 27:25)”. (Craig S. Keener, “Matthew: The IVP New Testament Commentary Series”, p. 349, IVP 1979 énfasis agregado).

Esta es una muestra de lo que es verdadera erudición y sana exégesis. Aunque Keener no se identifica completamente con la enseñanza que afirma que la Gran Tribulación tuvo lugar ya en el pasado con la destrucción de Jerusalén, aún así, aborda el texto como debe ser abordado: en su contexto inmediato aunque no concuerde con su postura escatológica.

Existen varios comentaristas más que encuentran la exégesis Dispensacionalista de Mateo 24 sin ningún fundamento. Por ejemplo, Michael Green escribe lo siguiente en su comentario de Mateo:
“Mateo no hace nada para fomentar la especulación detallada respecto al Milenio, el rapto o cualquier otro tema [….] Jesús claramente predice este terrible evento [la caída de Jerusalén] como una anticipación en su respectivo tiempo de vida concerniente al fin de todas las cosas (v.34) [….] Así como Antioco Epífanes trajo la ‘abominacion desoladora’ dentro del templo en el año 168 a.C., cuando sacrificó carne de cerdo sobre el altar (v.15), y convirtió las habitaciones del templo en burdeles en un determinado intento por eliminar la fe judía, así también la historia se volvería a repetir. Tito desolaría al lugar santo mucho más eficientemente derrumbándolo totalmente y el lector debería entender cuán completamente la profecía de Daniel 12:11 sería cumplida (v.15). Ese sería un tiempo para huir de la ciudad hacia los montes de Judea (v.16). Ellos debían orar para que su huida no fuera impedida por las tormentas de invierno o por el día sábado (pues la Ley solo permitía un viaje muy corto en día sábado). El criar hijos pequeños sería también otro impedimento en ese tiempo terrible. Y el aire estaría muy cargado con historias de falsos mesias y sus estupendas credenciales (vs. 4-6, 23-26), y de guerras y rumores de guerras, con una nación levantándose en contra de otra nación y un reino contra otro reino. Ellos no deberían de alarmarse (v.6). Tampoco debían dejarse engañar (v.23, 26) [….] Todo esto tuvo su cumplimiento. Los años 68-70 vieron al mundo romano tambalearse sobre el filo de una ruina total, debido a guerras internas y rumores de guerras. Después de la muerte de Nerón en el año 68 d.C., el próximo año vio no menos de cuatro candidatos al supremo oficio de emperador peleándolo de manera decidida. Fue un periodo en el que, tal como los escritores romanos lo dicen, casi todas las personas estaban esperando el fin del mundo. (Michael Green, “Matthew For Today”, p. 230, 231 Word Books, 1988, énfasis agregado).

Michael Green hace una conexión exegética correcta entre la pregunta de los discípulos y la respuesta de Cristo sobre la destrucción del templo y las señales que le precederían. Esta conexión NO PUEDE ser evadida cuando se hace una exégesis seria y contextual sobre Mateo 24. Es importante observar que Green no divorcia la descripción sobre la destrucción del templo con las señales que Cristo da a los discípulos para que se dieran cuenta que tal destrucción estaba cerca. Pero MacArthur hace precisamente eso a lo largo de todo su escrito el cual, estaremos examinando muy de cerca en las próximas aportaciones.

Por: Daviel D’Paz

2 comments:

Flavio said...

Qué buen comentario... he leído este artículo desde su comienzo, y estoy aprendiendo bastante... estoy ancioso de leer el próximo aporte.

Dios le bendiga hermano y gracias por enseñarnos, estoy comprendiendo un poco más sobre este tema, gracias.

Seguiré atento a próximos textos.

Renton said...

Me hace muy feliz ver que mi diferencia interpretativa con la escatología de MacArthur es compartida por otros hermanos.

Dios os bendiga a todos!